LEA AQUI GRATIS CADA SEMANA en abierto los ANALISIS DEL SERVICIO ANALÍTICO-INFORMATIVO DE LA RED VASCA ROJA (Una ojeada a la cara oculta -vasca- del Estado español) seis meses después de su fecha de emisión.

      ANÁLISIS MENSUALES


      18-02-2001. Tercera sección del Análisis ESPECIAL del mes de diciembre de 2001 del Servicio analítico-informativo de la RED VASCA ROJA

      DE PLOMO TIENEN LAS CALAVERAS (CONTINÚA Y SE INTENSIFICA EL POGROMO ESPAÑOL “A CUENTAGOTAS” CONTRA LA IZQUIERDA ABERTZALE). Los datos del POGROMO referidos al año 2001. El crucial hecho de las torturas. Detalles del intolerable amparo de los jueces españoles a los torturadores: El estremecedor caso de las torturas a Unai Romano y el felón juez Ruiz de Polanco. El juez Garzón, el sumario 18/98 y la ilegalización de Gestoras pro-Amnistía. El propósito del Gobierno español de ilegalizar a BATASUNA y la lista negra “antiterrorista” de la Unión Europea.



      10.5. El juez Garzón, el sumario 18/98 y la ilegalización de Gestoras pro-Amnistía.

      El primer día de este famoso mes de diciembre de 2001 que vengo analizando aquí GARA publicó la siguiente significativa noticia:

      "Garzón desestima el recurso contra el registro de los despachos de diez abogados

      GARA | DONOSTIA

      El juez de la Audiencia Nacional española Baltasar Garzón hizo público ayer un auto por el que desestima el recurso interpuesto por diez abogados vascos contra la entrada de la Policía española en sus despachos en el marco de la operación llevada a cabo el 31 de octubre contra el movimiento pro amnistía. El juez basa esta decisión en que las sedes registradas pertenecen a Gestoras pro-Amnistía, algo que el organismo antirrepresivo dijo ayer «ha quedado acreditado no ser cierto».

      Gestoras recordó en una nota de prensa que, teniendo en cuenta «la ilegalidad» del registro de los despachos de nueve abogados en Hernani y de otra abogada en Iruñea, éstos decidieron interponer un recurso contra la decisión de Garzón. Asimismo, solicitaron la «inmediata devolución» de los ordenadores y del diverso material que se llevaron.

      «Las justificaciones del juez Garzón para no enmendar el grave error cometido resultarían totalmente irrisorias si no fuera por la gravedad de los hechos», indicó, y afirmó que esos despachos son de los abogados «y no de Gestoras». Gestoras denunció el hecho de que, tal y como «admite Garzón», el material incautado en los despachos de los abogados haya sido analizado.

      Asimismo, informó de que Garzón ha notificado a los diez abogados que deben comparecer el martes en la Audiencia Nacional para la apertura del material requisado en la operación."

      He dicho que esa es significativa noticia por dos importantes razones. Porque preanunciaba el comportamiento que, pisoteando el Derecho, iba a tener Garzón durante el mes. Y porque este gravísimo ataque a las garantías y al papel institucional de los abogados fue IGNORADO y consentido sin protesta por los Colegios de Abogados de España, indicando así hasta qué punto medran bueyes en los páramos de España y hasta qué punto la España del Rey que Franco nombró es una España SIN DERECHO igualica igualica que la España de Franco, el fascista dictador genocida.

      Durante este mes de diciembre de 2001 se han acumulado los hechos que demuestran que el POGROMO "A CUENTAGOTAS" está en marcha. Y que el Gobierno de España no se corta un pelo cuando hay que hacer mofa y befa del Derecho para que su ariete-títere Garzón pueda consumar sus desmanes.

      Por un lado el Movimiento de Liberación Nacional Vasco ha continuado impertérrito su política de construcción nacional. Diciembre del 2001 ha sido el espacio temporal en el que han aparecido otras dos instituciones nacionales vascas cuyo ámbito territorial, como antes sucediera con BATASUNA y con HAIKA, pasa a ser el de la Euskal Herria entera, del Ebro al Adour. El día 2 SENIDEAK y GUREAK, las dos asociaciones de familiares de prisioneros políticos vascos (de Euskal Herria Sur y de Euskal Herria Norte respectivamente) desaparecen para que en su lugar surja ETXERAT. Ver detalles aquí y aquí.

      El 14 de diciembre Gestoras pro-Amnistía cierra una etapa de 25 años, y el 16 otra nueva institución nacional para toda Euskal Herria, ASKATASUNA, viene a cubrir el vacío dejado por Gestoras Pro Amnistía (Euskal Herria Sur) y por Koordinaketa (Euskal Herria Norte).

      El día 19, cinco días después de su desaparición pública, el felón Garzón ILEGALIZA GESTORAS PRO AMNISTÍA. Los grotescos y ominosos detalles de su auto, una prueba más de su desbocada vocación de escritor de política-ficción y de su comportamiento fascista, son denunciados por ASKATASUNA.

      Dos días después, el 21, Garzón sufre otro de los reveses a los que inexorablemente le conducen su desprecio por el Derecho y su enloquecida personificación de un inquisidor medieval. La información que GARA publica el día 22 se titula "Garzón mantuvo quince meses en prisión a seis vascos sin pruebas que vinculen a Ekin con ETA" y la entradilla de la información reza así:

      "Quince meses después de que ingresaran en prisión, la Sala Cuarta de la Audiencia Nacional decretó ayer la puesta en libertad de Juan Mari Mendizabal, Jaime Iribarren, Paul Asensio, Ana Lizarralde, Peio Sánchez y Olatz Egiguren, en un auto en el que vuelve a salir cuestionada la labor instructora de Baltasar Garzón. Recuerda la Sala Cuarta al magistrado que la relación entre Ekin y ETA o entre ETA y cada uno de los imputados «no podía darse por supuesta, sino que debía ser establecida de un modo preciso y concluyente», lo que no ha hecho el juez, que esta misma semana ha ilegalizado Gestoras pro-Amnistía."

      Ese mismo día 22 GARA publica un editorial titulado Inseguridad jurídica y policial en el que, glosando estos y otros hechos, se subraya la situación que padece un importante sector de la ciudadanía vasca.

      Como este largo análisis se escribe durante enero y febrero del 2002 y los subscriptores lo van a leer en febrero ya es posible recordarles la "extraña coincidencia" de todo lo que les ha pasado a esos magistrados de la Sala IV que osaron enmendar la plana a Garzón, recordándole el Derecho que parece haber olvidado: están suspendidos, les acusan de prevaricación. Lo llevan crudo.

      Ese mismo día 22 sus abogados proclaman que "Las actividades de Gestoras son totalmente lícitas". Afirman que "El auto de procesamiento es "literatura político-policial". Y recuerdan que un juez instructor NO ES COMPETENTE para ilegalizar a una asociación.

      La violación del Derecho que el ataque a Gestoras supone es, sin duda, importante en la medida en que explicita el carácter no democrático del actual Estado español y en la medida en que al desencadenarse desde el órgano judicial que es la pre e inconstitucional prolongación del siniestro Tribunal de Orden Público de Franco explicita también la persistencia de los espantosos componentes nazifascistas del franquismo en el Régimen del Rey que Franco nombró. Pero aún más importantes que sus aspectos jurídicos son los significados políticos del ataque a Gestoras pro-Amnistía. Aspectos que fueron excelentemente señalados en un artículo del miembro de la RED VASCA ROJA Iñaki Gil de San Vicente publicado en GARA el 23 de noviembre de 2001. Y que decía así:

      Gestoras y nuestra historia

      Si algo caracteriza a la contraofensiva española, uno de cuyos ejes de ataque es el sumario 18/98, aunque no el único ni mucho menos, es el objetivo estratégico de romper el espinazo de la identidad nacional vasca que, como toda identidad, es siempre un proceso permanente de reconstrucción y construcción colectiva dentro de una dinámica global de liberación independentista y socialista. Contra este proceso, el imperialismo español ­también el francés­ sólo puede oponer un sistema represivo en desesperada adaptación defensiva, a posteriori, intentando taponar las brechas del españolismo de Hegoalde. Una de las tareas prioritarias de la fiel industria político-mediática estatal es la dar la vuelta al calcetín insistiendo en que la izquierda abertzale está ya acorralada y al borde de su extinción. Además, en este contexto, el autonomismo tiene miedo, teme perder sus poltronas, sobresueldos y chanchullos de todo tipo, por lo que desmoviliza a sus bases y se niega a cualquier relación con la izquierda abertzale reforzando así la falsa apariencia del estancamiento nacional vasco. Pues bien, esta dócil y egoísta pasividad, que en cuestiones decisivas es puro colaboracionismo, es una obligada referencia teórico-práctica para entender qué está ocurriendo. La doblez autonomista frente a la contraofensiva española, aplaudiéndola en bastantes casos, callándose en otros muchos y protestando quedamente en muy pocos, oculta la gravedad objetiva de la represión a centenares de miles de vascas y vascos, y aumenta su confusión e indecisión subjetiva a la hora de pasar a la movilización de masas..

      Explicar a esos cientos de miles de personas que el autonomismo está dejando pasar una oportunidad histórica, al igual que abortó las esperanzas de finales de los setenta, que ayudó a destruir las de finales de los ochenta cuando las conversaciones políticas en Argelia y que ha destrozado muy recientemente las de Lizarra-Garazi, explicarlo, requiere mostrar por qué y cómo la contraofensiva española busca arrancar las raíces más profundas de nuestra identidad, negar nuestra historia y destruirnos como pueblo. El por qué ya ha sido analizado colectivamente en muchos casos y, en síntesis, nos remite a la urgencia nerviosa del Estado español por cortar de cuajo la línea estratégica tomada a mediados de los noventa. El cómo también ha sido analizado rigurosamente desde que el PP iniciase la aplicación de su nuevo sistema represivo, sobre todo desde 1997. Sin embargo, hemos especificado poco las diferencias que existen entre los golpes represivos. Sabemos que responden a un objetivo básico y común, pero apenas hemos discernido que cada golpe en aislado tiene un objetivo específico que nos exige una respuesta adecuada. Esta negligencia ­no total­ facilita el cinismo autonomista al meterlo todo en un globo indefinible y abstracto, pudiendo así dedicarse sólo a la demagogia abstrusa en la que Ibarretxe es maestro.

      El intento de destrucción de Gestoras también tiene dos grandes objetivos estrechamente relacionados. Uno el oficial, denunciado ya, y subterráneo el otro, consistente en forzar la extinción histórica de la vital simbología que en la identidad euskaldun tiene todo lo relacionado con los prisioneros, la tortura, las cárceles, las visitas, la ayuda solidaria popular, la deportación, el destierro y el exilio, las muertes y desapariciones... Desde la matxinada de 1766, por no retroceder más en nuestro pasado, estas situaciones han constituido un factor estructurante de la realidad de Euskal Herria. Han llegado a ser inseparables de multitud de actos colectivos en los que se manifiesta al exterior cómo el dolor interior causado por la represión se fusiona con la vida práctica, con sus sentimientos más íntimos, sus añoranzas y deseos. ¿Quién puede olvidar a Iparragirre, por ejemplo? Solamente quienes desprecian todo lo vasco desde el racismo imperialista. ¿Quiénes pueden adulterar y desvirtuar su significado? Quienes desde su comodidad con el ocupante necesitan ocultar la lucha permanente vasca. Y hay muchos iparragirres en la vida cultural, artística y hasta sentimental y amorosa de nuestro pueblo. Porque, ya es hora de decirlo, la represión no afecta sólo a la política en el sentido restrictivo que le da el poder, sino fundamentalmente a la totalidad de la praxis colectiva e individual en el presente y en el futuro, y a la felicidad más esencial que puede sentir un colectivo humano. Por esto mismo, las sucesivas generaciones van creando una respuesta material y simbólica ­con sus inevitables deficiencias y contradicciones­ para superar las sucesivas oleadas represivas. Más temprano que tarde, inevitablemente, esa creatividad popular desborda los controles de la cultura impuesta y también de la cultura de los acomodados, para oficializarse en la práctica por encima de los tópicos y superficialidades al uso. ¿Quién puede negar el impacto cultural de centenares de miles de anónimos pero reales creadores diarios de cultura liberadora, de crítica a la represión, de denuncia a la tortura, de expansión de la solidaridad más humana que se pueda imaginar? La cárcel en cuanto un factor estructurante de nuestra realidad, impacta objetiva y subjetivamente en nuestro devenir histórico. Una parte del autonomismo desearía ocultar su presencia, reducirla a lo innominable e innombrable, para no azuzar los fuegos de la protesta; otra parte, asume su presencia y la apoya. El mérito del voluntariado democrático de Gestoras es precisamente el de hacer presente la cárcel y mostrar cómo y por qué es posible su erradicación. Y es este mérito el que España no perdona, nunca lo ha perdonado. Recordemos los esfuerzos de algunos para liquidar las Gestoras pro Amnistía a finales de los setenta. Eran y son conscientes de que olvidar a la cárcel y a los prisioneros es más que olvidar el pasado, es negarlo para sustituirlo por una ficción, por una mentira. Sin pasado propio, y con otro impuesto, el presente es una pesadilla caótica e irracional, sólo creíble si se acepta la lógica del poder y su alienación. Hundidos en este pozo sin fondo, el futuro desaparece y queda la pasividad derrotista. Es aquí en donde la Amnistía aparece con toda su luz de futuro porque recupera el pasado y explica el presente, porque su demanda práctica es la reivindicación de nuestra historia. Gestoras, en su quehacer, tiene la virtud de aunar en el presente, en el ahora mismo, lo que hicieron generaciones pasadas con los deseos de futuro de las generaciones actuales. En este sentido, Gestoras es una fuerza constructora de nuestra historia. De ahí su impresionante legitimidad popular; de ahí y contra su referencialidad, el boicoteo despreciable del autonomismo y el odio atávico extranjero. Y porque todos somos parte y agentes de nuestra historia, somos a la vez de Gestoras. Orgullosamente. *

      Recomiendo muy vivamente que se relea una y otra vez el importante texto del artículo que acabo de transcribir. Si a quien me lee se le hubiera acabado casi el papel de la impresora y no le quedaran más que dos folios y quisiera imprimir algo de este largo análisis debería dedicarlos a imprimir ese artículo de Iñaki. Porque encierra el mensaje básico del que las otras decenas de folios son sólo pruebas, testimonios, ilustraciones.

      Todavía el mes reservaba otro mal trago para Garzón. El mismo día de Nochebuena, el 24, tiene que tragarse el sapo de AEK. Sin haber hallado pruebas tras 13 meses de persecución, no tiene más remedio que sacarla del novelesco y fantasioso Sumario 18/98 y levantar la administración judicial.

      Pese a esos reveses sin duda Garzón está satisfecho. Como veremos enseguida, sus afanes "han preparado los caminos de su Señor" (el Gobierno de España). Pero tengo que hacer algo antes de pasar a terminar esta sección 3ª del análisis ESPECIAL del mes de diciembre de 2001 con el repaso de la vertiente "europea" del POGROMO. Tengo que pagar una deuda de honor.

      Como saben quienes me leen no ahorro la expresión de mi desprecio y mi asco respecto de las manadas de bueyes de dos patas en que están mutados tantos y tantos profesionales e "intelectuales" españoles que grotesca y lamentablemente presumen de "demócratas" mientras que chapotean en la inmundicia de su sumisión al Régimen nazifascista español que padecemos. Por eso hay que resaltar y reconocer y agradecer, cuando se conocen, los ¡ay! tan raros casos en que un español o una española contradice esa regla y alza su voz en defensa de la verdad y del Derecho.

      Ese ha sido el caso de una persona cuya trayectoria y ejecutoria no me merecen ninguna estima. Pero la verdad es la verdad, la diga Agamenon o su porquero. Y Lidia Falcón la ha dicho en el número del día 30 de diciembre de 2001 en el diario DEIA. En el que publicó el siguiente artículo:

      "Sin garantías jurídicas

      LA diferencia entre un Estado fascista y uno democrático se constata, fundamentalmente, en las garantías jurídicas que ofrece el segundo a sus ciudadanos y que suprime el primero. Incluso en la Facultad de Derecho de mi juventud, regida por los catedráticos que superaron los controles de la dictadura, con la exigencia de acatar los principios del Movimiento Nacional, se nos enseñaba la fundamentación jurídica que introdujo la Revolución Francesa frente a la injusticia feudal. La primera de cuyas normas exige la presunción de inocencia del acusado, hasta que se demuestre su culpabilidad. A ella le siguen una serie de garantías que defienden el derecho de todo ciudadano a no ser procesado sin indicios de culpabilidad, a no ser condenado sin pruebas y a que todo el derecho penal sea sometido a una interpretación literal y no analógica ni extensiva ni mucho menos imaginativa. En resumen, que nadie puede ser sometido a proceso porque los jueces le tengan antipatía, por denuncias ni acusaciones sin fundamento, ni siquiera por la convicción que aquellos mantengan de que el denunciado ha sido autor de delitos que no se pueden demostrar. Y nunca por la comisión de hechos que no se hallen tipificados en el Código Penal.

      Que la persecución de todo opositor a su omnipotente dominio, con la supresión de garantías democráticas, que están imponiendo Bush y sus matones en Estados Unidos, como gendarmes mundiales, aceptadas inmediatamente por Aznar y sus colaboradores, está teniendo cada vez más influencia en la política, y en el sistema jurídico y policial español, lo demuestran las actuaciones judiciales últimas.

      Me refiero a las consideraciones que el auto dictado por la Audiencia Nacional determinando la libertad de los miembros de Ekin han motivado en sectores de la judicatura y de los medios de comunicación. Cuando se produjo la detención, al igual que las de la Mesa de Herri Batasuna, de los periodistas de ‘‘Egin’’ y más recientemente los de las Gestoras Pro Amnistía, diagnostiqué la precipitación de tal medida, provocada únicamente por el deseo del juez de acabar con el que cree el entramado civil de ETA. Pero los deseos de los jueces son absolutamente inoperantes en sus actuaciones y deben, y ese es un deber absoluto, ser relegados al sillón del psicoanalista y nunca imponerse en sus resoluciones judiciales. Eso es exactamente lo que ahora le han dicho los dos magistrados de la Audiencia Nacional. Perfectamente dicho, y que no hubiera debido motivar ningún comentario más, sino únicamente incitar al juez a medir con más objetividad sus decisiones en el futuro, si no hubiera sido por la polémica que ha suscitado en el mundo político, el periodístico y lo que es más alarmante, el mundo jurídico.

      Que el gobierno desee encarcelar, y quien sabe si matar, a todos los que atribuye connivencia con ETA es perfectamente comprensible, aunque sea inasumible. Otros gobiernos ya actuaron en esa dirección. Que el mundo periodístico actúe en función de los vínculos que mantiene con el gobierno, con el PP y también con el PSOE y el PSE, ahora tan rendido a los encantos de Aznar y sus satélites, resulta lamentable, pero igualmente conocido. Lo que me ha motivado a escribir estas líneas es comprobar que determinados magistrados se adscriben a la misma corriente ideológica que pretende acabar con las garantías jurídicas que se implantaron en los países democráticos hace más de doscientos años.

      Resulta inadmisible, para cualquier profesional del derecho, e incluso para quien se halle medianamente informado sobre los requisitos exigidos para determinar la comisión de un delito, que el magistrado que ha emitido un voto reservado sobre la resolución de la Audiencia Nacional argumente que es un error «vivir de espaldas al fenómeno terrorista» y que circunscribirlo sólo a las acciones armadas «comporta un anticuado y trasnochado» concepto del terrorismo. Éste precisamente ha sido el criterio utilizado por Aznar para lograr de la UE la inclusión en la lista de organizaciones terroristas de una serie de asociaciones legales hasta ahora, propósito alcanzado gracias al proceso llevado por Garzón, pero que el auto de la Audiencia Nacional deja sin cobertura jurídica. Por ello, las críticas de Ollero como de los corifeos que le felicitan están apoyando únicamente la operación europea en la que Aznar ha apostado toda su influencia.

      Puede ser que el concepto de terrorismo del Código Penal, recientemente aprobado, se halle ya trasnochado pero es el hoy vigente y el magistrado debería saberlo. Y si le parece que se deben incluir conductas no previstas en la norma legal, sería bueno que propusiera la modificación en las Cortes. Pero mientras exista la que está todavía vigente, ningún juez ni magistrado puede permitirse la libertad, que es en el mejor de los casos frivolidad y en el peor connivencia con el ejecutivo, de pretender imponer en sus resoluciones sus conceptos sobre terrorismo cuando no coinciden con la ley que debe aplicar. Y si además, a sus preconcebidas ideas añade el subjetivismo de encontrar indicios donde no existen, entonces podríamos encontrarnos ante el peor de los supuestos: el imperio de los deseos del juzgador frente a la objetividad de los hechos probados.

      Es inaceptable para cualquier especialista en derecho penal, que según Ollero el intérprete de la ley deba encontrar «el sentido y la voluntad» de la norma, «tanto en lo que la ley dice como en las realidades sociales, económicas, morales y políticas» y que añada que no hacerlo así «conduce a un automatismo literalista» que «se compadece mal con la justificación democrática del conjunto del sistema». Precisamente lo que se compadece mal con la democracia del sistema es la imposición del criterio que pretende el magistrado. Ninguna consideración de orden económico, moral, social ni político puede influir en la voluntad de los jueces cuando se trata de juzgar delitos, que son únicamente, según la definición del Código, los hechos u omisiones penados por la ley.

      Quizá para el profano resulte sorprendente que en esta definición no entren consideraciones de orden moral, pero esa es precisamente la grandeza de un sistema jurídico que ofrece todas las garantías a los ciudadanos de que no serán juzgados según los criterios morales de sus juzgadores, lo que en tiempos pasados en Europa, y muy presentes en Oriente, dio lugar a procesos injustos contra todo el que no compartía los mismos valores morales. Tampoco habrán de ser atendidas por el juez las realidades económicas, políticas o sociales, que según el criterio del juzgador pueden ser interpretadas de muy diversas maneras según sea su clase, su sexo, su nacionalidad o su raza. Por el contrario, se supone que esas realidades han sido tenidas en consideración en su debido momento por los legisladores y no le corresponde al juez enmendar la plana a aquellos. De otra manera volveremos a la arbitrariedad feudal, basada siempre en los deseos e intereses del poder. En definitiva, es la literalidad de la norma escrita la que ha de ser aplicada, en contra precisamente de lo criticado por Ollero.

      Quizá debo aclarar que si me he decidido a defender la objetividad de los jueces que dictaron la resolución de libertad para los componentes de Ekin, no es por mi simpatía hacia dichas personas, de las que no se nada, sino por mi absoluta antipatía hacia planteamientos que recuerdan mucho más los de los tribunales fascistas que los que deberían imperar en los de la democracia. Porque fueron precisamente argumentos como los utilizados por Carlos Ollero los que dieron con mis huesos en la prisión de Yeserías, y conmigo a veintidós compañeros de tortura, cuando el juzgado militar decidió que mi conducta, y la de los demás, no le gustaba.

      Con este artículo únicamente pretendo que no se me pueda aplicar la conocida poesía de Brecht, porque cuando nuevamente vengan a por mí sí sabré por qué es.

      Lidia Falcón

      10.6. El propósito del Gobierno español de ilegalizar a BATASUNA y la lista negra "antiterrorista" de la Unión Europea

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